Salvemos el Plan AUGE

Columna del Presidente del Consejo Académico del Instituto de Salud Pública de la Universidad Andrés Bello, Dr. Manuel Inostroza.
Si bien el Plan AUGE o GES fue diseñado para abordar los 56 problemas de salud prioritarios de los Chilenos, ya son 80 los cubiertos. Pero lo que parece ser positivo, en realidad es más bien una mala señal y muestra cómo los últimos gobiernos de Piñera y Bachelet, en realidad están poniendo en jaque a una de las más exitosas políticas públicas de los últimos años.

En su diseño original el Plan AUGE requería para el FONASA el cálculo de sus costos, considerando las guías clínicas y sus respectivas canastas de prestaciones en condiciones ideales. Dicho calculo determino, a partir del año 2005, que para cada beneficiario del sector público se requería un financiamiento anual de estas patologías de 3.06 UF, a lo que habría que agregar un reajuste en base a la evolución del índice de remuneraciones de los trabajadores del sector privado, calculado por el INE. De hecho al aplicar este reajuste el año 2014, los recursos potencialmente disponibles para cada beneficiario pasaron de 3.06 UF a 4,34 UF.

Por otra parte los problemas de eficiencia y productividad en nuestros hospitales públicos y redes asistenciales, así como las fallas en los sistemas de control y registro clínico asistencial han dificultado una correcta implementación del AUGE y han tenido como consecuencia por parte del Ministerio de Hacienda una autorización menor de recursos de los que legal y técnicamente estaba en condiciones de otorgar en su oportunidad; en efecto el año 2007 cuando las patologías incorporadas a las GES ya eran 56, el financiamiento autorizado llegaba solo a 2.6 UF, así para cuando el gobierno de la Presidenta Bachelet el año 2010 decidió subir a 69 las patologías y el Presidente Piñera el año 2013 las subió a 80, contaban con el financiamiento disponible por dos razones: Primero porque las nuevas patologías incorporadas contaban con canastas de prestaciones suboptimas o sin considerar la etapa diagnóstica o de seguimiento de varias de ellas; y segundo porque tampoco se habían contabilizado los reajustes legales del financiamiento, calculados por el INE. En otras palabras lo que había sido diseñado en su financiamiento ideal solo para 56 problemas de salud, hoy está en tensión porque se subió a 80.

Las consecuencias no se han dejado esperar. De hecho la evaluación del AUGE en la ciudadanía ha venido descendiendo desde que esta alcanzo un máximo de 6,0 el 2006 y 2007, para situarse el año 2014 en un regular 5,4; entendemos en parte porque con menos recursos que los necesarios, no se ha podido cumplir con la garantía de oportunidad y las listas de espera GES han vuelto a crecer y además por la decepción que generan en pacientes y profesionales, el hecho de que varios problemas de salud y su respectivas canastas de prestaciones para el diagnóstico, tratamiento y seguimiento; no contengan todas las prestaciones que han sido recomendadas por las sociedades científicas.

Cierro estas líneas con la convicción de que debemos sumar esfuerzos por salvar el AUGE y dado que resultaría impracticable políticamente la disminución de patologías ya garantizadas, corregir su financiamiento con el envío de un proyecto de ley; que al mismo tiempo rediseñara la autonomía e institucionalidad con que se definen los beneficios ya no solo del GES sino de todos los aranceles del Fonasa, creando para tales efectos un Instituto Nacional de Excelencia Clínica. Solo así podremos retomar la senda de un instrumento de planificación y priorización sanitaria riguroso, que continúe brindando beneficios y mejoras en acceso y protección financiera para una mejor salud de todos los chilenos.

(Publicado en Ediciones Especiales-10 años del AUGE)

 

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